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HOMILÍA

IX DOMINGO ORDINARIO

 

El pasaje evangélico de este domingo es muy claro, Jesús dice que los hombres pueden distinguirse en dos equipos: los listos y los tontos. ¿Quiénes son los listos y quienes son los tontos? Porque todos queremos formar parte del equipo de los listos. 

Recuerdo una vez de vacaciones en la playa, construí  con mi primo un hermoso castillo con cuatro torres, una muralla con su puente levadizo, una fosa que rodeaba los dos metros de circunferencia del castillo. Revestimos las murallas con conchitas blancas como si fueran mármoles y colocamos una banderita de México en el patio principal. Nuestra obra maestra nos tomó todo un día, desde la mañana hasta que oscureció. Al día siguiente, regresamos felices para seguir perfeccionándolo. Nuestra felicidad se convirtió en tristeza al contemplar que ya todo había desaparecido, la marea nocturna había aplanado toda la tierra, como si nunca hubiera habido nada allí. Le dije a mi primo que éramos unos tontos; tanto trabajo e ilusión para nada. Días después visitamos las ruinas de Chichén Itzá con sus imponentes pirámides que según decía el guía turístico las habían construido con rocas monolíticas hace 1500 años y todavía estaban en muy buen estado. Inmediatamente pensé que esos hombres sí que eran listos, no como nosotros, aunque tardaron 15 años en construirlas.

Los hombres listos son los que construyen su vida con la roca de la voluntad de Dios, y los tontos son los que gastan su vida construyendo con la arena de sus caprichos y gustos personales. Jesús es tajante en afirmar que “No todo el que dice ¡Señor, Señor! entrará en el cielo, sino aquel que cumple la voluntad del Padre”. Es decir, aquel niño o niña que hace en todo momento lo que Dios le pide por medio de su conciencia; ése construye su vida sobre roca. El que construye sobre arena es el niño o niña que sólo de cuando en cuando se acuerda de Dios para pedirle algo; pero siempre hace lo que él quiere independientemente de lo que su conciencia le pida. Jesús sabe muy bien que es más difícil y tardado construir con roca; requiere mucho sacrificio. Por eso, Él mismo quiso bajar a la tierra para mostrarnos que Él también cumplió la voluntad del Padre aunque le llevase a la misma crucifixión.

No cabe duda que los niños y niñas más listos desde ahora comienzan a construirse en el cielo hermosos castillos de granito y oro; los del otro equipo seguirán gastando el tiempo jugueteando con la arena.

 

Francisco Hernández, LC