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HOMILÍA

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

 

Hoy celebramos la venida del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios está con nosotros desde el bautismo y continúa morando en nuestra alma mientras no lo echemos fuera al cometer algún pecado mortal. El vivir conforme al Espíritu de Amor es la vida de gracia.

             La vida de gracia es como un viaje en el mar que recorremos en una barca de vela. En ocasiones viajamos con el viento en popa, así todo nos favorece. Pero en otras ocasiones lo hacemos con la proa al viento, viajando contracorriente. El buen marinero sabe aprovechar toda circunstancia para conducir su barca. Para ello es muy importante dirigir el timón, asegurar las amarras de las velas, así como la posición de las mismas; pero todo esto no serviría de nada si no hubiera viento que le moviera.

             Del mismo modo es la gracia que nos trae el Espíritu Santo. La gracia son los dones que recibimos de Dios. Los dones son todo aquello que hace que nuestra barca se mueva, es decir, tanto las velas, el timón, la misma barca, y por supuesto, el viento. Los dones son naturales y sobrenaturales. Los dones naturales son como las velas, el timón, los amarres y toda la barca. Éstos forman nuestra naturaleza humana, es decir, son nuestra vida, la salud, nuestro cuerpo, nuestro modo de ser, el pensar, el sentir, el hablar, etc. De estos dones podemos ver, escuchar y sentir sus manifestaciones. En cambio  los dones sobrenaturales son como el viento, que aunque no lo vemos nos ayuda a mover realmente nuestra barca. Ellos nos hacen partícipes de Dios, con ellos podemos unirnos a Dios en nuestra alma. Estar unido a Dios es lo que más vale en este mundo.

             La gracia la recibimos con el bautismo y crece en el alma con la oración y los otros sacramentos. Si la perdiéramos por el pecado mortal, la recuperaríamos por medio de la oración, que nos dispone al perdón, y del sacramento de la confesión.

             Así que hoy les propongo que alcemos las velas y tomemos el timón de nuestra vida, usando con gran alegría todos los medios que tenemos para aprovechar al máximo el viento de la gracia que nos trae el Espíritu Santo. Hoy,  Él quiere que vayamos a toda velocidad con el viento en popa a la felicidad de la resurrección en Cristo. ¡Cristo vive en nosotros!

 

Manuel Reyes, LC