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HOMILÍA

XI DOMINGO ORDINARIO

 

 

La Iglesia, a través de los siglos, ha sido una fiel transmisora del mensaje de Jesús. En el pasaje evangélico que leemos en esta misa dominical, Jesús nos expresa su deseo de acompañarnos siempre hasta el fin del mundo, de caminar a nuestro lado para que no nos sintamos “como ovejas sin pastor”. Por eso, para llevar a cabo su designio, eligió a doce hombres y les ha confiado la misión de predicar el evangelio por todo el mundo. La Iglesia comienza a existir, es una obra fundada por Dios y confiada a los apóstoles.

Es así como Jesús trasmite su mensaje San Pedro y a los apóstoles, y estos a sus sucesores, el Papa y los obispos, para que ellos sean los administradores y dispensadores de sus dones entre los hombres.

Así tenemos que el Papa es el máximo representante de la Iglesia, el Vicario de Cristo. Pero no gobierna solo, sino que está sostenido por la oración, el apoyo y el consejo de todos los obispos del mundo.

Los obispos, a ejemplo de los apóstoles, son elegidos y enviados a enseñar, a santificar y a gobernar las iglesias de su diócesis. Son pastores de los fieles que pertenecen a sus diócesis; desempeñan la labor de enseñar, anunciando el evangelio y la palabra de Dios; ellos buscan santificar a todos sus fieles celebrando los sacramentos, en especial los sacramentos de la eucaristía y de la reconciliación; y sobre todo, los obispos gobiernan sus diócesis con el poder y la autoridad que han recibido de Jesús, Buen Pastor.

            Debemos agradecer a Jesús el quedarse en medio de nosotros por medio de su representante el Papa Benedicto XVI y el obispo de nuestra diócesis. También tenemos que pedir mucho en nuestra oración por ellos, para que Dios siga cuidando la vida del Papa, iluminando su inteligencia y fortaleciendo su espíritu. A nosotros nos corresponde la misión de pedir a Dios que  envíe muchos y santos sacerdotes y almas consagradas para trabajar en la Iglesia, así como nos dice Jesús: “La mies es mucha y los obreros pocos; pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies”.

 

 John Edison Chaverra, LC