d
 

HOMILÍA

SOLEMNIDAD DEL

SANTÍSIMO CUERPO

Y SANGRE DE CRISTO

 

¡Qué bueno es Jesús! No contento con encarnarse, y salvarnos con su muerte dolorosa en la cruz, quiere quedarse con nosotros para siempre. Y, en ocasiones, qué ingratos somos nosotros, pues con frecuencia le dejamos solo. Cuántos sagrarios solitarios, custodiados tan sólo por una vela tremolante. Cuántas veces no le recibimos en la Eucaristía, a causa de nuestras faltas y debilidades, testigos de la pobreza de nuestro amor. Y sin embargo Él sigue ahí desde hace más de dos mil años. No se ha ido, ni se irá, porque nos ama. ¡Qué bueno es Jesús!

            Un día un niño de poco más de nueve años, me recordó una gran verdad. Paseábamos los dos por la iglesia observando las distintas imágenes que en ella se encontraban. Yo le refería quiénes eran aquellos santos y por qué estaban allí. En un momento nos detuvimos ante una imagen muy grande de Cristo crucificado representado en su cruenta agonía. El niño me dijo: “Mira, este Cristo parece que está vivo, y sin embargo, está bien muerto. Y allí – y señaló al Sagrario- parece que está muerto, y en cambio está vivo”.

            Hoy, solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, celebramos a Cristo vivo. Recordamos, como decíamos al inicio, que Cristo se ha querido quedar presente, realmente presente, en medio de nosotros, para acompañarnos, para escucharnos, para alentarnos, para ayudarnos en todo momento. Cristo Eucaristía, ha de ser para nosotros, el quieto rincón donde descansemos al final del vértigo de la jornada.

            Es un don incalculable, el poderle recibir a Cristo sacramentalmente, si es que ya hicimos la primera comunión. Pero, no perdamos de vista que no tenemos que esperar al domingo para poder hablar con Él y contarle cómo nos ha ido durante la semana; sino que podemos hacerlo visitándole en el Sagrario. En este día tan especial debemos renovar nuestro compromiso, o hacerlo si no lo hemos hecho aún, de ser verdaderos amigos de Jesús. Los amigos procuran estar el mayor tiempo posible juntos. Pidámosle a María que nos enseñe a amar mucho a Jesús. Así sea.

 

Francisco Uriel Argüello, LC