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HOMILÍA

VI DOMINGO DE PASCUA

 

Cercana ya la fiesta de Pentecostés, Cristo promete a sus discípulos, no abandonarles y enviarles el Espíritu Santo. Pero con la condición: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Un amor real a Dios se traduce en obediencia aunque no comprendamos. El hacer la voluntad de Dios es el requisito para la recepción del Espíritu Santo y la señal clara de que amamos a Dios.

Una vez un niño pequeño observaba a su mamá cosiendo. Se sentó cerca de ella y le preguntó qué estaba haciendo. Ella le respondió que estaba bordando. El pequeño observaba el trabajo de su mamá desde una posición más baja, y la corregía diciéndole que lo que estaba haciendo era muy feo y raro, pues todos lo hilos desde su punto de vista estaban revueltos. Ella mirando hacia abajo le sonrió y gentilmente le dijo: "Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando termine mi bordado te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde mi posición”. Al cabo de algunas horas el niño escuchó que le llamaba su mamá y cariñosamente le subía sobre su regazo. Se quedó maravillado al contemplar un hermoso atardecer artísticamente bordado en varios colores sobre una tela blanca. El niño decía: pero mamá si desde abajo todo se veía tan confuso. Entonces la mamá le dijo: "Hijo mío, desde abajo se veía desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba, había un diseño, yo sólo lo estaba siguiendo”.

 Muchas veces también nosotros podemos mirar  al cielo y decir: “Padre ¿qué estás haciendo?” Él te respondería: “Estoy bordando tu vida”. Entonces podríamos replicar: “Pero se ve tan confuso, es un desorden, los hilos parecen tan oscuros, ¿por qué no son más brillantes?”  Dios te respondería: “Hijo mío, ocúpate de hacer lo que te pido y un día te traeré al cielo y te pondré sobre mi regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces entenderás..."

 Muchas veces podemos no comprender de inmediato la voluntad de Dios en nuestras vidas. Algunas cosas nos molestan y no vemos el por qué. Pero quien ama a Jesús cumplirá su voluntad manifestada en sus papás y educadores. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.

 

Ivo Da Costa, L.C.