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HOMILÍA

FIESTA DE SAN PEDRO

Y SAN PABLO

 

 

Hoy celebramos la fiesta de San Pedro y San Pablo. Ellos fueron dos grandes columnas de la Iglesia en los primeros años después de la muerte de Cristo. Son un gran ejemplo de hombres que amaron a Jesús hasta dar la vida por Él.

San Pablo, antes de conocer a Jesús, perseguía con ahínco a los cristianos. Pero un vez que conoció quién era Jesús, jamás le dejó solo. A pesar de todo lo que tuvo que sufrir, siempre estuvo predicando el nombre de Cristo. Él sufrió azotes, calumnias, le apedrearon, estuvo en la prisión y en todos los momentos aprovechaba para predicar el nombre de Jesús a todas las personas. De hecho en una ocasión convirtió al guardia de la prisión junto con toda su familia. Llegó incluso al corazón del imperio romano, la gran ciudad de Roma y allí sufrió el martirio por el nombre de Jesús.

También San Pedro tuvo que sufrir mucho por Cristo. A él se le concedió el privilegio de ser el primer Papa de la historia, el Vicario de Cristo. Pero no por eso se le ahorró el padecer algo por su Maestro. Al contrario, terminó su vida igual que su maestro con el suplicio de la cruz.

La Iglesia hoy nos presente el testimonio de estos dos grandes hombres que conocieron a Jesús y se entusiasmaron tanto por Él que fueron fieles a su amistad hasta el último segundo. Ahora ya están en el cielo gozando eternamente de la felicidad con Cristo. Y desde ahí nos gritan: ¡Vale la pena ser fieles al amor de Jesús!

Pidamos hoy especialmente por nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto, a quien le toca sufrir mucho como Vicario de Cristo. Que el Señor sea su consuelo y su sostén en los momentos difíciles.

 

H. Fabio Ronchi, LC